Caldelas Vegan Trail

¿Habéis escuchado alguna vez ese refrán popular que dice “La cabra siempre tira al monte”? Digamos que resume a la perfección lo que me sucede a mí con el mundo del trail.

Community manager vigoDescubrí Caldelas Vegan Trail un día cualquiera por casualidad y leí: Trail de 18 kilómetros en el entorno de Castro Caldelas y entonces recordé la zona de Ribeira Sacra, con esos montes descomunales y unas pendientes que quitan el sentido. Conclusión: ¡no podía faltar!

La peculiaridad de esta carrera y que sin duda llamó más mi atención es que se trataba de una carrera vegana. Un trail en un paraje natural espectacular y que este año contaba con su segunda edición. Y os preguntaréis ¿qué es eso de carrera vegana? Fácil. En los avituallamientos no encontraríamos nada de origen animal ni tampoco a la finalización de la carrera.

Había tres opciones: trail de 50 kilómetros (descartadísimo para mí), minitrail de 18 km y andaina. Sí, claramente me decanté por el minitrail. Con un desnivel de 957mD+, “la cosa” pintaba dura, para qué negarlo. Además había tiempo de corte y el sol ese día decidió no salir. Cedió en favor de una espesa niebla que desde el amanecer se hizo fuerte y no tenía ninguna intención de dejarnos tranquilos.

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Llegó la hora y entre los 75 valientes nos encontrábamos los dos únicos representantes del equipo Vigoentrena en la salida dispuestos a hacer frente a más de una pendiente peliaguda. La mayoría hombres y pocas mujeres pero el miedo no estaba presente. Comenzada la carrera, me costó calentar, como de costumbre, hasta que llegué al kilómetro 3-4. A partir de entonces, sabía que el trail ya era mío y solo tenía que medir bien cómo administrarme las fuerzas. caldelas vegan trail

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A pesar de la niebla, el paisaje era espectacular. Subimos hasta la parte alta de Castro Caldelas, pasando por el monasterio de San Xoan de Camba para poco después comenzar en torno al kilómetro 7 “EL ASCENSO”. Y lo digo en mayúsculas porque para mí ha sido la pendiente más dura que he vivido hasta el día de hoy en un trail. Agradecía la niebla y no ver el final porque a cada paso que daba, dejaba de sentir un 1% más mis gemelos. Eterno. Duro. Muy duro. Pero no imposible. Llegué al punto más alto donde esperaba el avituallamiento con la lengua literalmente fuera y casi en el suelo pero pasado ese tramo, para mí todo estaba hecho. Fueron 12 los abandonos, entiendo que en parte debido a este terrible cortafuegos y es que una vez superado, aún quedaban 10 kilómetros más.

Y entonces llegó la bajada. Iba sola y disfrutándola al máximo. Una bajada preciosa para un trail y en la que pude soltar las piernas y recuperar un poco las fuerzas. Reconozco que me gusta ir acompañada de otros traileros que me vaya encontrando por el camino pero las bajadas así, las disfruto mucho más sola, sin preocuparme de ir pendiente de posibles “atropellos”. Después nos tocó llanear un poco y en torno al kilómetro 15…ups, me quedé sin gasolina. Me desinflé de repente y tuve que parar momentáneamente para beber agua y recomponerme un poco. Quedaban 3 kilómetros y tuve la suerte de ser “rescatada” por un compañero que me acompañó un largo tramo. Se me escapó al final, en otra parte preciosa del recorrido pero muy técnica. Un último kilómetro en el que además de correr, nos tocó escalar.

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Última pendiente y visualizando el arco de meta. ¡Conseguido!

Mucho sufrimiento y cansancio pero con la sorpresa de llegar tercera en la general y entrar en el podio con otras dos guerreras. Un trail precioso en el que tuvimos de todo y con una organización de 10. Contenta, orgullosa y muy feliz con el resultado. Y es que a pesar de la dureza de los entrenamientos, a la larga, el esfuerzo, el trabajo y la dedicación con cabeza y de forma inteligente, siempre dan resultado.

¡Repetiremos el año que viene! 😉

 

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